Los chistes siempre son bienvenidos en reuniones familiares, cenas con amigos y dias aburridos. Cuando estamos tristes, una simple anecdota graciosa puede cambiarnos por un rato nuestro estado de animo. Por todo esto, la gente que dedica su tiempo a hacer reir a los demás con chistes originales y chistosos siempre cuenta con buenos amigos que disfrutan el momento juntos.
Mas allá de que los chistes siempre nos sacan una sonrisa, los mejores son aquellos que comienzan con una trama que te atrapa y te deja con la boca abierta por el inesperado y gracioso final.
Un buen samaritano
El pasado domingo, mientras caminaba por la avenida con mi esposa, y sabiendo que iba tarde para la misa, mis ojos cayeron sobre una de aquellas desafortunadas y harapientas vagabundas que se encuentran, por estos días, por cualquier calle de esta ciudad y de cualquier parte del país.
Algunas personas volteaban la mirada, otros, rápidamente bajaban la cabeza como si sólo verla los fuese a contaminar.
Recordando a un viejo cura de la Parroquia de Luján, quien siempre me ha aconsejado: “cuidar de los enfermos, alimentar a los hambrientos y vestir a los desnudos” fui movido por alguna fuerza interna para acercarme a esta pobre y desafortunada persona.
Usaba sólo lo que puede ser descrito como trapos y cargaba sus atesoradas posesiones mundanas en dos bolsas plásticas. ¡Mi corazón se conmovió por la condición de esta persona!
Sí, en donde algunas gentes sólo veían trapos, yo vi su esencia humana que emergía tímidamente clamando por un gesto afectuoso o una simple caricia. Una voz pequeña dentro de mi cabeza fue creciendo y me gritó, “¡ALCANZA Y TOCA A ESA PERSONA!”Así lo hice…

Mi esposa comprendió mis intenciones, me alcanzó y me tocó a mí…

No me busquen, no estaré en la Iglesia esta semana.






